El domingo fui a casa de Debbie, en North Greenwich (que no se pronuncia /'gringüich'/, sino /'grenich/, curiosamente), porque teníamos que planificar la nueva web de su empresa. Así que para allá fui a eso del mediodía, lamentando el perderme la primera carrera de Fórmula 1 de la temporada. Pero el trabajo es el trabajo, qué se va a hacer.
Debbie comparte piso con dos chicos, uno griego como ella, y otro sudafricano. El piso no es muy grande, y lo tienen tan atiborrado de trastos que parece mucho más pequeño de lo que es. La casa entera está llena de cosas de PUK: que si unos espejos que no los usaba nadie, que si unos marcos para fotos que había por allí tirados, que si una radio que estaba por allí abandonada... Lo de la radio fue gracioso. Recuerdo cuándo la cogió. Se pasó un rato buscando pilas para ponerle a la radio porque "tenía curiosidad por ver si aún funcionaba", y cuando por fin se las puso y vio que funcionaba, dijo: "¡Anda, aún funciona!". Y de pronto la radio se evaporó de la oficina. XD
—¿Dónde está la radio? —le pregunté unos minutos después.
—En el cajón —dijo, y añadió a la defensiva—: ¿Por qué? ¿La necesitas?
—No, no —respondí, sin poder evitar reírme ante tamaña mentira—. Es sólo que parecías tan interesada en ver si funcionaba...
La radio está ahora en su cuarto de baño, cómo no. Esta Debbie es "lo peor", como diría Ruth. :) Tiene la casa, además, plagada de muebles que va encontrando por la calle y que otras personas desechan: el escritorio de su habitación (que si yo encuentro uno igual también me lo quedo), una mesita pequeña que enseguida pintó para que hiciera juego con el resto, una estantería para libros, un ordenador... Lo cierto es que en las aceras de Londres te puedes encontrar cualquier cosa. Os pongo una lista de cosas que yo misma he visto: una plancha, una tostadora, todo tipo de zapatos, todo tipo de ropa, una silla de escritorio tapizada en azul y con ruedas (como nueva), una taza (en buen estado aunque sucia), un lápiz usb de 128mb (este lo recogí), montones de monedas de 1 penique, una bici rosa de niña pequeña, un candado con su cadena misteriosamente atada a una farola, montones de carritos del Sainsbury's o Tesco... Si uno sale en plan recolector, termina con un botín. No hay más que ver la casa de Debbie para comprobarlo.
Estuvimos trabajando en la planificación de la web desde las dos que llegué hasta las siete, más o menos, y quedé pendiente de empezar el diseño esta semana. Debbie me dice que su jefe es de lo más tiquismiquis con los diseños, así que a ver qué tal me entiendo con él.
Por otra parte, hoy he enviado a Troy y a Dan los diseños del tercero de los personajes, a ver si alguno cuadra con lo que tienen en mente. Aún no me han respondido, pero es que apenas han pasado dos horas...
Y en PUK estos días bien. Keira es muy maja y nos llevamos muy bien. Sin embargo, para trabajar a su lado es un poco peligrosa, porque le gusta mucho hablar y no me permite concentrarme. Recuerdo que, cuando estaba Debbie, a veces yo le preguntaba quién había llamado y a ella le costaba un triunfo contestarme; con Keira, pasa al contrario (cuando Dick no está en la oficina, y lleva ausente tres días): me cuenta cada llamada con pelos y señales aunque no le pregunte. Y claro, llaman cada diez minutos. Me siento como cuando vivía en casa de mi madre y no me podía concentrar ni hacer nada porque cada poco era: abre la puerta, coge el teléfono, vete a por leche, saca a los perros a pasear... Pues parecido. Hoy hubo un momento en el que di gracias a Dios por tener dos minutos de tranquilidad... jajaja. Pero bueno, es que yo en general no soy una persona muy dada a las relaciones sociales. Soy medio ermitaña. :D
Eso sí, os prometo volverme súper sociable y veros a todos en abril, que estaré en Asturias desde el día 19 hasta el 27. ¡Espero veros por allí!
¡Muchos besos!
Debbie comparte piso con dos chicos, uno griego como ella, y otro sudafricano. El piso no es muy grande, y lo tienen tan atiborrado de trastos que parece mucho más pequeño de lo que es. La casa entera está llena de cosas de PUK: que si unos espejos que no los usaba nadie, que si unos marcos para fotos que había por allí tirados, que si una radio que estaba por allí abandonada... Lo de la radio fue gracioso. Recuerdo cuándo la cogió. Se pasó un rato buscando pilas para ponerle a la radio porque "tenía curiosidad por ver si aún funcionaba", y cuando por fin se las puso y vio que funcionaba, dijo: "¡Anda, aún funciona!". Y de pronto la radio se evaporó de la oficina. XD
—¿Dónde está la radio? —le pregunté unos minutos después.
—En el cajón —dijo, y añadió a la defensiva—: ¿Por qué? ¿La necesitas?
—No, no —respondí, sin poder evitar reírme ante tamaña mentira—. Es sólo que parecías tan interesada en ver si funcionaba...
La radio está ahora en su cuarto de baño, cómo no. Esta Debbie es "lo peor", como diría Ruth. :) Tiene la casa, además, plagada de muebles que va encontrando por la calle y que otras personas desechan: el escritorio de su habitación (que si yo encuentro uno igual también me lo quedo), una mesita pequeña que enseguida pintó para que hiciera juego con el resto, una estantería para libros, un ordenador... Lo cierto es que en las aceras de Londres te puedes encontrar cualquier cosa. Os pongo una lista de cosas que yo misma he visto: una plancha, una tostadora, todo tipo de zapatos, todo tipo de ropa, una silla de escritorio tapizada en azul y con ruedas (como nueva), una taza (en buen estado aunque sucia), un lápiz usb de 128mb (este lo recogí), montones de monedas de 1 penique, una bici rosa de niña pequeña, un candado con su cadena misteriosamente atada a una farola, montones de carritos del Sainsbury's o Tesco... Si uno sale en plan recolector, termina con un botín. No hay más que ver la casa de Debbie para comprobarlo.
Estuvimos trabajando en la planificación de la web desde las dos que llegué hasta las siete, más o menos, y quedé pendiente de empezar el diseño esta semana. Debbie me dice que su jefe es de lo más tiquismiquis con los diseños, así que a ver qué tal me entiendo con él.
Por otra parte, hoy he enviado a Troy y a Dan los diseños del tercero de los personajes, a ver si alguno cuadra con lo que tienen en mente. Aún no me han respondido, pero es que apenas han pasado dos horas...
Y en PUK estos días bien. Keira es muy maja y nos llevamos muy bien. Sin embargo, para trabajar a su lado es un poco peligrosa, porque le gusta mucho hablar y no me permite concentrarme. Recuerdo que, cuando estaba Debbie, a veces yo le preguntaba quién había llamado y a ella le costaba un triunfo contestarme; con Keira, pasa al contrario (cuando Dick no está en la oficina, y lleva ausente tres días): me cuenta cada llamada con pelos y señales aunque no le pregunte. Y claro, llaman cada diez minutos. Me siento como cuando vivía en casa de mi madre y no me podía concentrar ni hacer nada porque cada poco era: abre la puerta, coge el teléfono, vete a por leche, saca a los perros a pasear... Pues parecido. Hoy hubo un momento en el que di gracias a Dios por tener dos minutos de tranquilidad... jajaja. Pero bueno, es que yo en general no soy una persona muy dada a las relaciones sociales. Soy medio ermitaña. :D
Eso sí, os prometo volverme súper sociable y veros a todos en abril, que estaré en Asturias desde el día 19 hasta el 27. ¡Espero veros por allí!
¡Muchos besos!
3 comentarios:
seguro que va a tener el sindrome de bueno ahora no me acuerdo del nombre¿hermogenes? tampoco sé si está bien puesto,pero algo así.
el sindrome era de diógenes que no me salia el nombre y encima lo hice más difícil, así que ¿de donde sacaría yo hermógenes ?
La culpa es de ellos, por tener nombres tan raros. :D
De todas formas, con todo lo que lees últimamente sobre historia y demás, tal vez te hayas tropezado con San Hermógenes de Moscú, o algo así, y te hayas hecho un lío. :D
Publicar un comentario