El otro día me enteré de que PUK ha sufrido ya tres robos que casi llevan a la quiebra a la empresa. Imaginad todos los aparatos que puede haber en una empresa como PUK: los ladrones se llevaron miles de libras en tecnología. Después de eso, PUK cambió de domicilio y pasó al lugar en el que estamos ahora, en el que no hay ni un cartel en el exterior que diga que se trata de una productora. De esa forma, Dick evita lanzar un mensaje claro a los ladrones: "¡eh, que estamos aquí!". Y tardarán un poco más en buscar y hallar el modo de entrar. Así pues, ahora las medidas de seguridad que tenemos son alarma, cerradura con combinación numérica en el cuarto de edición, y una cerradura "secreta" en el estudio. Y la verja de entrada, con un candado gigante y una cadena que ni el ancla de un pesquero. Con tanta parafernalia, no es de extrañar que Dick llegara a la empresa molesto porque Debbie, el día anterior, había sido bastante negligente a la hora de cerrarlo todo a cal y canto. Fue cuando Dick nos contó lo de los anteriores robos y finalmente nos rogó que siempre tengamos mucho cuidado con dejarlo todo bien cerrado.
Estos días Debbie ha estado demostrando su eficiencia ordenando la oficina entera. Hay que reconocerle el mérito, porque la oficina es un desastre. Lo único que a mí no me convence es que hace lo que le da la gana cuando le da la gana y como le da la gana, sin preguntar a nadie. Pero bueno, mientras su voluntad no choque con la mía, todo irá más o menos bien. Digo más o menos porque al final se ha quedado con el escritorio de Sura, cosa que no me ha gustado nada. Especialmente por las formas. Incluso habló con Philippa a espaldas de Sura y le preguntó si podía cambiarlos, dado que Sura venía sólo tres días. Como Philippa dijo que sí, pues cambiarán uno de estos días. En cuanto a su relación conmigo, Debbie se muestra bastante irritable cuando le hago alguna pregunta y suele optar por no contestar, además de que percibo que su paciencia con mi inglés a veces escasea. De ahí que nuestra incipiente relación de colegueo se haya estancado y por mi parte me limito a ser cortés y educada con ella. Poco más.
Estos días Debbie ha estado demostrando su eficiencia ordenando la oficina entera. Hay que reconocerle el mérito, porque la oficina es un desastre. Lo único que a mí no me convence es que hace lo que le da la gana cuando le da la gana y como le da la gana, sin preguntar a nadie. Pero bueno, mientras su voluntad no choque con la mía, todo irá más o menos bien. Digo más o menos porque al final se ha quedado con el escritorio de Sura, cosa que no me ha gustado nada. Especialmente por las formas. Incluso habló con Philippa a espaldas de Sura y le preguntó si podía cambiarlos, dado que Sura venía sólo tres días. Como Philippa dijo que sí, pues cambiarán uno de estos días. En cuanto a su relación conmigo, Debbie se muestra bastante irritable cuando le hago alguna pregunta y suele optar por no contestar, además de que percibo que su paciencia con mi inglés a veces escasea. De ahí que nuestra incipiente relación de colegueo se haya estancado y por mi parte me limito a ser cortés y educada con ella. Poco más.
El martes, cuando me hallaba en la oficina dibujando caricaturas, Sakura me mandó un mensaje para decirme que no tenía llaves de casa, que si podía acercarse a por las mías. Más tarde me dijo que había querido llamarme, pero tenía miedo de que no pudiera atender llamadas en PUK, o que estuviese muy ocupada o algo. Así que la llamé yo para decirle cómo llegar, y ya por teléfono me contó que había ido a Tesco (un supermercado muy barato de la zona, similar al Sainsbury's) con la bici, que la había aparcado fuera, había puesto el candado... y cometió el descuido de dejar las llaves en el candado: la del propio candado, la de casa, portal, buzón, etc. Así que Sakura salió de Tesco con la compra y se encontró con que ni bici ni llaves. Me decía que menos mal que no podían hacer copias... pero digo yo que para qué quieren las copias si ya tienen las originales... XD Llamó a la policía y pudieron ver el vídeo de seguridad de Tesco, donde apareció un tipo con una cazadora rosa, cogió la bici y las llaves y se marchó tan campante. En el vídeo no se le veía la cara. Obviamente, con eso poco podían hacer, así que lo único que le dijo la policía fue que si por un casual aparecía el tipo, la bici o las llaves, se pondrían en contacto con ella.
Lo siguiente que hizo Sakura, curiosamente, fue ir a comprarse otra bici. Y luego, llamarme para poder entrar en casa. Aún hablando por el móvil, cogió la bici y le fui indicando las calles por las que tenía que ir para llegar a PUK, y, cuando llegó, le enseñé un poco el interior, que le gustó mucho. También le enseñé alguna animacioncilla y alguna caricatura, y me preguntó si allí era donde también había trabajado Ruth. :) Le dije que sí, que en el mismo escritorio, exactamente. :) Finalmente, le di las llaves y pudo por fin irse a casa. En bici no son más que diez minutos.
A las seis, Debbie y Allan se fueron pitando y yo, un poco más lenta, me quedé sola y tuve que cerrar. Nadie me había enseñado nunca a cerrar la empresa, y acordándome de lo que había dicho Dick, decidí que tenía que ser muy cuidadosa. Cerré el estudio, puse la alarma, apagué las luces, salí, metí la llave en la cerradura para cerrar... y no cerraba. La llave sólo giraba media vuelta y no era capaz de ir más allá. Me dieron las seis y cuarto intentando cerrar la dichosa puerta mientras la alarma seguía lanzando pitiditos dentro. ¿Tenía que lanzar pitiditos? Y la llave del demonio que seguía sin girar. Entré y llamé por teléfono a Dick:
—Oye, que estoy sola aquí y tengo que cerrar y no soy quién a cerrar la puerta, parece que no funciona la llave. Y la alarma, ¿tiene que pitar todo el rato?
— Hlaksdjñflaksjfa... sdfsadfs... puerta... baño ... ñlaksj dsd dds dsa oiewjñalsk... hay que hacer fuerza ... añlksdjpoqwiefñla
Eso fue lo que entendí, básicamente (además, se oía entrecortado). Y yo pensando que qué tendría que ver el baño, que yo lo único que quería era cerrar la puerta de la oficina.
—Vale, si no consigo cerrar, te vuelvo a llamar.
Volví a poner la alarma, a apagar las luces y a darle media vuelta a la dichosa llave que no quería girar más. Me acordé de toda la familia de la llave y de Allan y Debbie, que me habían dejado embarcada sin darme antes una clase ilustrativa de cómo cerrar. Probé a bajar la manilla de la puerta, a sacar la llave un poco, a girar al otro lado, a abalanzarme contra la puerta a ver si es que no cerraba bien y no encajaba... Hasta hice palanca con un eslabón de la cadena del candado. Cuando saqué la llave de la cerradura y vi que ya no era recta sino que más bien parecía un macarrón rizoso de esos, decidí que era el momento de tomar otra vía.
Tenía dos opciones: una, llamar a Dick para decirle que le esperaría en PUK hasta que volviera. Estaba filmando algo en el centro de Londres, así que supuse que llegaría sobre las diez o las once. La otra, llamar a Sakura y pedirle que me trajera mis llaves, por si el problema era que la llave que tenía en PUK no funcionaba bien. Opté por esta segunda opción.
—Oye, Sakura, perdona, pero ahora necesito yo tu ayuda... Con las llaves de casa te dejé las de la empresa y da la casualidad de que es la primera vez en la vida que tengo que cerrar yo y las necesito...
En diez minutos llegó al rescate en su flamante bici nueva, habiendo dejado sus tallarines en casa a medio hacer, la pobre. Le dije que no se preocupara, que mientras yo cerraba se podía ir en bici y llegar a casa de nuevo en diez minutos, en vez de tardar media hora caminando conmigo. Pero decidió esperarme... ¡¡y menos mal!! Porque cogí mis llaves, fui a cerrar, media vuelta a la llave... ¡y otra vez atascada!
—¡No sé qué pasa! —exclamé—. No funciona. Mira lo que hice con la otra llave...
Y fui a por ella, y cuando volví, Sakura me dijo:
—Mira, es que tienes que levantar la manilla hacia arriba y entonces ya cierra.
¡¡¡AAAHHHHHHH!!!! Dios mío, ¡¡pero qué estupideeeezzz!!! ¡¡¡Si es que así no se puedeeeee!!! Muerta de vergüenza, pero terriblemente contenta de que fuese Sakura a las siete de la tarde la que me hubiera dicho eso, y no Dick a las once de la noche (¡¡¡!!!!), cerré y, pese a que la alarma seguía soltando pitididos en el interior, pasé de ella, cerré la verja, candado, cadena y para casa. ¡Por fin!
Al día siguiente, Dick se me planta delante con cara de diversión más que de otra cosa:
—¡Que hay que cerrar la puerta del baño para que la alarma funcione!
—Aaahhhh... Así que era eso lo que me estabas diciendo ayer... jejeje...
Y me enseñó que la puerta del baño tiene un sensor y que si no se cierra la alarma no funciona. Le dije entonces que a mí la que me había dado quebraderos de cabeza había sido la puerta de entrada. Me mostró cómo se subía la manilla.
—Sí, sí, si ahora ya sé... Pero antes intenté cerrar sin saber eso y acabé doblando la llave... jejeje...
Dick quiso ver la llave y ahí se puso a darle martillazos a ver si la enderezaba... jajaja. Me ofrecí a hacer una copia, pero dijo que no hacía falta. Probó la llave y con algún que otro forcejeo extra, parecía seguir funcionando... Por lo que se refiere a la alarma, Dick llegó del centro a eso de las diez y ya cerró la puerta del baño, así que por la noche todo estaba ya correcto.
En cuanto a mi paseo con Sakura hasta casa, fue muy agradable a pesar del frío, y me estuvo contando algunas cosas interesantes sobre Japón, los pobres y la delincuencia. Por lo visto, pese a que en Japón también hay gente pobre, no es nada habitual que roben. Se dedican más bien a rebuscar en los contenedores de los restaurantes, pero no hacen lo que aquí, que es robar para vender y sacar dinero. Dice que en su país los que hacen eso son los chinos. De ahí que los japoneses y los chinos no se lleven muy allá, y de hecho a Sakura no le gusta nada que la confundan con una china. :)
Algo más que me contó el otro día sobre Japón, es lo que todo el mundo sabe: que los japoneses son muy trabajadores. Dice que si vamos a Japón, es fácil que nos impresionemos con la tecnología, porque es mucho más avanzada que en Londres, debido precisamente a que trabajan mucho y son muy perfeccionistas. Asegura que los electrodomésticos de casa no fallan nunca, así que la buena calidad de la compra se da tan por supuesta que ni siquiera se piensa en ello. Y cosas como que, desde hace varios años ya, los taxis tienen puertas que abren y cierran automáticamente, así que cuando paran delante de ti, todo lo que tienes que hacer es entrar y sentarte. Me dice que, en general, va varios años por delante de Londres en lo que a tecnología se refiere. No así en el aspecto social. Hace poco alguien me comentó que Londres era la ciudad más tolerante del mundo. Y sin conocer el resto del mundo, casi me atrevería a afirmarlo yo también, porque nunca había visto tanta variedad de gente conviviendo pacíficamente y mirándose como iguales. En este aspecto, Londres es sencillamente maravilloso.
Y bueno, sigo con mis animaciones. Y feliz mientras sea así. Ahora ya no tengo tiempo libre en PUK. Sí que se nota que han cambiado las cosas. Pero sin duda es para bien. :)
¡Besotes!
Lo siguiente que hizo Sakura, curiosamente, fue ir a comprarse otra bici. Y luego, llamarme para poder entrar en casa. Aún hablando por el móvil, cogió la bici y le fui indicando las calles por las que tenía que ir para llegar a PUK, y, cuando llegó, le enseñé un poco el interior, que le gustó mucho. También le enseñé alguna animacioncilla y alguna caricatura, y me preguntó si allí era donde también había trabajado Ruth. :) Le dije que sí, que en el mismo escritorio, exactamente. :) Finalmente, le di las llaves y pudo por fin irse a casa. En bici no son más que diez minutos.
A las seis, Debbie y Allan se fueron pitando y yo, un poco más lenta, me quedé sola y tuve que cerrar. Nadie me había enseñado nunca a cerrar la empresa, y acordándome de lo que había dicho Dick, decidí que tenía que ser muy cuidadosa. Cerré el estudio, puse la alarma, apagué las luces, salí, metí la llave en la cerradura para cerrar... y no cerraba. La llave sólo giraba media vuelta y no era capaz de ir más allá. Me dieron las seis y cuarto intentando cerrar la dichosa puerta mientras la alarma seguía lanzando pitiditos dentro. ¿Tenía que lanzar pitiditos? Y la llave del demonio que seguía sin girar. Entré y llamé por teléfono a Dick:
—Oye, que estoy sola aquí y tengo que cerrar y no soy quién a cerrar la puerta, parece que no funciona la llave. Y la alarma, ¿tiene que pitar todo el rato?
— Hlaksdjñflaksjfa... sdfsadfs... puerta... baño ... ñlaksj dsd dds dsa oiewjñalsk... hay que hacer fuerza ... añlksdjpoqwiefñla
Eso fue lo que entendí, básicamente (además, se oía entrecortado). Y yo pensando que qué tendría que ver el baño, que yo lo único que quería era cerrar la puerta de la oficina.
—Vale, si no consigo cerrar, te vuelvo a llamar.
Volví a poner la alarma, a apagar las luces y a darle media vuelta a la dichosa llave que no quería girar más. Me acordé de toda la familia de la llave y de Allan y Debbie, que me habían dejado embarcada sin darme antes una clase ilustrativa de cómo cerrar. Probé a bajar la manilla de la puerta, a sacar la llave un poco, a girar al otro lado, a abalanzarme contra la puerta a ver si es que no cerraba bien y no encajaba... Hasta hice palanca con un eslabón de la cadena del candado. Cuando saqué la llave de la cerradura y vi que ya no era recta sino que más bien parecía un macarrón rizoso de esos, decidí que era el momento de tomar otra vía.
Tenía dos opciones: una, llamar a Dick para decirle que le esperaría en PUK hasta que volviera. Estaba filmando algo en el centro de Londres, así que supuse que llegaría sobre las diez o las once. La otra, llamar a Sakura y pedirle que me trajera mis llaves, por si el problema era que la llave que tenía en PUK no funcionaba bien. Opté por esta segunda opción.
—Oye, Sakura, perdona, pero ahora necesito yo tu ayuda... Con las llaves de casa te dejé las de la empresa y da la casualidad de que es la primera vez en la vida que tengo que cerrar yo y las necesito...
En diez minutos llegó al rescate en su flamante bici nueva, habiendo dejado sus tallarines en casa a medio hacer, la pobre. Le dije que no se preocupara, que mientras yo cerraba se podía ir en bici y llegar a casa de nuevo en diez minutos, en vez de tardar media hora caminando conmigo. Pero decidió esperarme... ¡¡y menos mal!! Porque cogí mis llaves, fui a cerrar, media vuelta a la llave... ¡y otra vez atascada!
—¡No sé qué pasa! —exclamé—. No funciona. Mira lo que hice con la otra llave...
Y fui a por ella, y cuando volví, Sakura me dijo:
—Mira, es que tienes que levantar la manilla hacia arriba y entonces ya cierra.
¡¡¡AAAHHHHHHH!!!! Dios mío, ¡¡pero qué estupideeeezzz!!! ¡¡¡Si es que así no se puedeeeee!!! Muerta de vergüenza, pero terriblemente contenta de que fuese Sakura a las siete de la tarde la que me hubiera dicho eso, y no Dick a las once de la noche (¡¡¡!!!!), cerré y, pese a que la alarma seguía soltando pitididos en el interior, pasé de ella, cerré la verja, candado, cadena y para casa. ¡Por fin!
Al día siguiente, Dick se me planta delante con cara de diversión más que de otra cosa:
—¡Que hay que cerrar la puerta del baño para que la alarma funcione!
—Aaahhhh... Así que era eso lo que me estabas diciendo ayer... jejeje...
Y me enseñó que la puerta del baño tiene un sensor y que si no se cierra la alarma no funciona. Le dije entonces que a mí la que me había dado quebraderos de cabeza había sido la puerta de entrada. Me mostró cómo se subía la manilla.
—Sí, sí, si ahora ya sé... Pero antes intenté cerrar sin saber eso y acabé doblando la llave... jejeje...
Dick quiso ver la llave y ahí se puso a darle martillazos a ver si la enderezaba... jajaja. Me ofrecí a hacer una copia, pero dijo que no hacía falta. Probó la llave y con algún que otro forcejeo extra, parecía seguir funcionando... Por lo que se refiere a la alarma, Dick llegó del centro a eso de las diez y ya cerró la puerta del baño, así que por la noche todo estaba ya correcto.
En cuanto a mi paseo con Sakura hasta casa, fue muy agradable a pesar del frío, y me estuvo contando algunas cosas interesantes sobre Japón, los pobres y la delincuencia. Por lo visto, pese a que en Japón también hay gente pobre, no es nada habitual que roben. Se dedican más bien a rebuscar en los contenedores de los restaurantes, pero no hacen lo que aquí, que es robar para vender y sacar dinero. Dice que en su país los que hacen eso son los chinos. De ahí que los japoneses y los chinos no se lleven muy allá, y de hecho a Sakura no le gusta nada que la confundan con una china. :)
Algo más que me contó el otro día sobre Japón, es lo que todo el mundo sabe: que los japoneses son muy trabajadores. Dice que si vamos a Japón, es fácil que nos impresionemos con la tecnología, porque es mucho más avanzada que en Londres, debido precisamente a que trabajan mucho y son muy perfeccionistas. Asegura que los electrodomésticos de casa no fallan nunca, así que la buena calidad de la compra se da tan por supuesta que ni siquiera se piensa en ello. Y cosas como que, desde hace varios años ya, los taxis tienen puertas que abren y cierran automáticamente, así que cuando paran delante de ti, todo lo que tienes que hacer es entrar y sentarte. Me dice que, en general, va varios años por delante de Londres en lo que a tecnología se refiere. No así en el aspecto social. Hace poco alguien me comentó que Londres era la ciudad más tolerante del mundo. Y sin conocer el resto del mundo, casi me atrevería a afirmarlo yo también, porque nunca había visto tanta variedad de gente conviviendo pacíficamente y mirándose como iguales. En este aspecto, Londres es sencillamente maravilloso.
Y bueno, sigo con mis animaciones. Y feliz mientras sea así. Ahora ya no tengo tiempo libre en PUK. Sí que se nota que han cambiado las cosas. Pero sin duda es para bien. :)
¡Besotes!
4 comentarios:
Deberías dedicarte a contar historias, lo haces muy bien :)
Mmmm... yo creo que la animación sirve precisamente para contar historias. Creo que es mi vocación... :D
Es cierto que tambien puedes contar historias con la animación.....pero al margen de eso yo creo que tu tienes el don de la palabra escrita :)
Hombre, pues muchas gracias... ^^
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