miércoles, 7 de noviembre de 2007

Turismo en familia (II)

El domingo madrugamos de nuevo y nos fuimos directos a Stonehenge. El día se veía muy despejado en Walthamstow, pero a medida que nos fuimos alejando observamos que había mucha niebla y, por desgracia, ello nos impidió disfrutar del paisaje como nos habría gustado. El GPS nos llevó por el centro de la ciudad hasta salir por el oeste, así que hicimos ruta turística por Londres con la gran suerte de que apenas encontramos tráfico. Mi hermano no estaba muy contento, porque era el que conducía y el que sufría el estrés de la ciudad, pero a mí no me importó pasearme por los distintos barrios para irlos conociendo.

En Stonehenge hacía un frío que pelaba, pero aun así disfrutamos la visita. Yo pensé que me iba a aburrir más, porque al fin y al cabo no son más que unas cuantas piedras allí puestas que no tienen gran cosa que ver. Pero nos pusimos a elaborar hipótesis a cual más disparatada para intentar explicar cómo habían llegado allí aquellas piedras, y llegamos a la conclusión de que los extraterrestres deben de medir cincuenta y ocho metros de altura. No me preguntéis cómo llegamos a eso, pero llegamos... jajaja. Os pongo un par de fotos. La primera Stonehenge, y la segunda Stonehenge en miniatura en el escaparate de una tienda de souvenirs, en su versión original y en su estado actual.





Después de Stonehenge pusimos rumbo a la mansión de Longleat (Longleat House). La niebla seguía acechándonos, pero la belleza de la zona habría podido apreciarse incluso aunque sólo pudiésemos alcanzar a ver un par de metros más allá del vehículo.


Longleat House es espectacular. Desde el momento en el que atraviesas la entrada de los jardines, tienes que recorrer aún algún que otro kilómetro hasta divisar la casa. Para ello, sigues una carretera sinuosa que transcurre entre multitud de árboles de todos los colores y aspectos imaginables. Aquí tenéis una muestra de los terrenos de la mansión:


Y, por supuesto, la mansión. Tenía algunos andamios, porque la estaban limpiando o reparando. Perdonad la calidad de la foto, está sacada desde el coche de cualquier manera. A ver si mi tío me pasa alguna de las suyas un día de estos.


La tenéis aquí sin andamio: :D
http://pt.wikipedia.org/wiki/Imagem:Longleat_house.jpg

En los terrenos más próximos a la mansión había varios establecimientos, ya fuera de comidas o de regalos o souvenirs. Había mucha gente por allí, e imaginamos que muchos de ellos eran vecinos de la zona que venían a pasar el día a los jardines. La verdad es que pudiendo disfrutar de semejante lujo, no es de extrañar que se acerquen por allí. Hay que pagar algo para entrar, pero no es mucho.

Cuando llegamos, nos dimos cuenta de que nos habíamos olvidado de comprar el pan, así que dimos una vuelta por las tiendas a ver si alguna vendía pan. Tras preguntar en varias, acabamos dentro de un restaurante-buffete, en el que pedimos varias baguettes y, además, nos deleitamos con un delicioso bocata de salchichas, muy rico. Eso sí, carísimo. Casi mejor no acordarse... y eso que a mí me invitaron (si es que no me canso de dar las gracias...).

Lo siguiente que hicimos fue entrar en la mansión. Mi tío y mi hermano, con la tarjeta Heritage Pass, pasaron gratis (es un decir, porque la Heritage no es barata que se diga), y yo me disponía a pagar cuando el tipo de la entrada me hizo señas para que pasara y mira por dónde me ahorré un dinerín (o se lo ahorraron, más bien... cof cof) muy guapo.

Dentro de la mansión no se podían hacer fotos, así que no tengo nada que enseñaros. Compramos un librito en inglés con la intención de que yo lo fuera traduciendo, pero había mucho vocabulario que desconocía y, además, me llevaba bastante tiempo leerlo para después traducirlo, y no era cosa de pasarse allí horas y horas. Traduje algunas cosillas, pero de lo que más hablaba era de los artistas y diseñadores que habían dejado la mansión tal como está, y todo eso me lo saltaba.

La mansión era impresionante. Salas enormes, techos altísimos, un lujo increíble por todas partes, muebles importados de todos los países imaginables... En dos o tres de las salas, los guardas, muy amables, nos explicaron en inglés algunas cosillas y yo trataba de ir traduciendo lo que entendía, que era más de lo que esperaba. Así, nos explicaron, por ejemplo, que la huida de los franceses hacia Inglaterra durante la revolución había proporcionado a muchos ingleses buenas oportunidades para comprar muebles lujosos a buen precio, pues los franceses huían con ellos y los vendían para poder comer. Lo mismo los alemanes, y algunos más dijeron. Había objetos de todas las épocas de los últimos siglos, y el conjunto era de una belleza asombrosa.

Gracias al librito supimos de la existencia del fantasma de la biblioteca. No nos honró con su presencia, por desgracia, pero se dice que una figura de un "gentleman" vestido de negro suele pasearse por la llamada biblioteca roja (Red Library), y parece que no se sabe muy bien quién es. También hay otro fantasma, en esa ocasión una mujer (la esposa del primer marqués), que supuestamente se pasea por la casa buscando a su amante, o algo así. Tendré que leerlo otra vez para enterarme bien. A esta tampoco la encontramos. :D Por cierto, también en Hever Castle había supuestos fantasmas, pero eso lo averigüé el lunes. Es una lástima, siempre es divertido dar un toque esotérico a los castillos en el momento en que se los visita.

La mansión no tiene desperdicio. Pero una de las mejores cosas era la tienda de souvenirs. Curioso, ¿no? Estaba en el camino de salida, en la parte baja de la mansión. Cuando llegamos, yo la atravesé rápidamente para irnos, porque suelo pasar mucho de las tiendas de souvenirs, y ni siquiera me fijé mucho en lo que había a mi alrededor. No así mi hermano y mi tío, que descubrieron que aquella tienda de souvenirs no era una tienda de souvenirs ordinaria: ¡era la antigua cocina! Había multitud de instrumentos usados, antiquísimos, gastados, pudimos ver la antigua cocina de carbón, los utensilios... Incluso los souvenirs, como tazas y cacharros, emulaban otros tiempos y estaban situados allí donde debieron de haber estado hace muchos años. En el medio de la cocina, de considerables dimensiones, había una mesa enorme muy antigua, que en su día debió de servir para que los cocineros fueran poniendo las bandejas, cacerolas y demás cuando la comida estaba lista para servirse, o para preparar los ingredientes, o para dejar la cesta de la compra... jajaja.

Muy cerca de la cocina estaba el cuarto donde se preparaba el pan, y a su lado estaban la habitación del cocinero y la "nevera", que era un cuartito muy fresco en el que se guardaba la carne (por ejemplo, las aves recién cazadas), y que podía ser vigilado por el cocinero a través de una pequeña ventana situada en el cuarto de este.

Del interior de la mansión se podría hablar durante horas, pero de nuevo no quiero cansaros, así que, si queréis más información, sin duda la encontraréis por la red.

Al salir al exterior, nos dirigimos directamente al laberinto. Pablo nos había dicho que era uno de los más grandes que existen. Había que pagar 3 libras para entrar, y estuvimos a punto de intentar colarnos de nuevo para evitar pagar, pero la cosa estaba difícil porque daba la sensación de que la tipa de la taquilla nos vigilaba, así que al final optamos por pagar y entramos.

Fue divertidísimo. El laberinto estaba hecho a base de altos setos bien recortados, creando sinuosos caminos de la anchura (y altura) de una persona. Por lo visto, en total supone varios kilómetros de recorrido, si es que se hace entero. En las intersecciones había una placa que decía: "levanta la tapa si te has perdido". Y si la levantabas, veías una flecha indicándote por dónde ir a la salida. Había una torre central, que se supone que era el objetivo a alcanzar, y había también varias escaleras diseminadas por todo el laberinto desde las cuales podías observar más o menos dónde te encontrabas respecto a tu objetivo. Si querías. Porque algunos, como Pablo, preferían no mirar absolutamente nada y aventurarse completamente al azar. Yo, por ejemplo, tendía a mirar hacia dónde estaba la torre o lo que fuera, aunque según bajaba al laberinto y daba el primer giro, me desorientaba y continuaba completamente al azar, eligiendo caminos alegremente a ver adónde me llevaban. Supongo que había personas que utilizaban la altura que proporcionaban las escaleras para memorizar los caminos, pero eso no es divertido. :)



Nuestro primer objetivo fue alcanzar la torre central. Para que fuera más divertido, nos separamos y fuimos cada uno por nuestra cuenta. Yo tardé siglos. A veces pasaba cerca de la torre y luego el camino me llevaba a casa Dios, alejándome, y no era quién a llegar. Hasta vi a Pablo allí encaramado en la torre cuando yo estaba perdida en el laberinto. Tardé un montón, pero al fin llegué. Luego, buscamos un objetivo desde la torre, que resultó ser un arbusto rojo que había en el centro de un remolino del laberinto, y salimos los tres por separado en su busca. Esta vez, llegué yo la primera y Pablo tardó sólo unos minutos más, pero Kiko no aparecía y le oímos pegar voces desde las cercanías, porque no era quién a encontrar el camino... jajaja. Como no aparecía, salimos Pablo y yo por separado a buscarle. Cuando lo encontró Pablo, salieron para buscarme a mí, y luego cuando Kiko me encontró fuimos, esta vez juntos, a encontrar a Pablo. Así estuvimos jugando durante hora y media, caminando casi sin parar, hasta que al final decidimos que ya era suficiente y optamos por salir. Lo pasamos genial.

Al salir de Longleat ya casi era de noche, y cuando llegamos a Lacock, un pueblo medieval que era nuestro siguiente destino, ya era noche cerrada. Y el pueblo era tan pequeño y estaba tan poco iluminado que no vimos gran cosa. Además, hacía un frío de muerte. Así que salimos del coche, recorrimos dos calles (eso sí, casas muy guapas, de esas con entramado de madera y piedra), hicimos alguna foto y nos fuimos.

El siguiente, Bibury, fue aún peor. A Pablo le sonaba que había visto una foto de una calle con una hilera de casas medievales, pero yo pregunté a una chica que vimos por allí y nos dijo, riendo, que ella no sabía, que allí no había nada... jajaja. Lo que sí vimos fue un par de fuegos artificiales y un fuego. Como os decía el lunes, pensamos que se estaba quemando algo... Pero sin duda era la hoguera por Guy Fawkes. Caminamos apenas unos metros por los alrededores, pero como hacía un frío terrible (3 grados) nos fuimos enseguida al coche y pusimos rumbo a Windsor.

En Windsor, de nuevo, la oscuridad me impidió apreciar el castillo de la reina como hubiera sido mi deseo. Las calles estabas casi desiertas, aunque algún alma se movía aquí y allá. El castillo tenía algunas luces encendidas, cosa que le daba un encanto especial. Y me pareció precioso, así como las calles que lo rodean. Cenamos allí unos bocatas, muy cerca del castillo, resguardados del frío tras una casa que parecía una iglesia o algo similar. Tampoco tardamos mucho en irnos, porque estábamos cansados y la noche no es el mejor momento para apreciar Windsor. Algún día volveré durante el día y os pondré alguna foto.

Y bueno, este fue mi fin de semana, más o menos. Hubo más cosas, como que por fin probé (durante apenas unos metros, en el parking de Hever Castle) el coche con el volante a la derecha, con la palanca de cambios yendo para donde le daba la gana porque mi mano izquierda no controla muy bien las direcciones... o como que toqué el "Cumpleaños Feliz" en una iglesia desierta (también junto a Hever Castle), haciendo uso del piano que tenían cerca del altar. Por cierto que en dicha iglesia está enterrado, por lo visto, el padre de Ana Bolena, según reza en la inscripción:


"La iglesia fue construida hace unos 750 años para reemplazar una iglesia normanda previa (o algo así). Este ha sido por tanto un lugar de oración durante al menos 850 años. En la iglesia está la tumba de Sir Thomas Bullen, el padre de Anne Bullen (Ana Bolena) y abuelo de la reina Elizabeth I)".

Esta inscripción la vi al salir, le hice la foto y la leí en casa, así que cuando estuvimos en la iglesia ni siquiera sabíamos que le estábamos tocando el "Cumpleaños Feliz" a Sir Thomas.

Bueno, y ahora sí, doy por terminado el relato del fin de semana, esperando no haberos aburrido y que hayáis disfrutado y, sobre todo, que os hayan entrado deseos de visitar estas tierras inglesas que tienen mucho, pero que mucho que mostrarnos a todos.

¡Besotes!

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Caravana, tengo caravana, no barco. Y lo último que se me ocurriría sería pasarme el Canal tirando de ella para conducir por la izquierda una temporada en un país donde no entiendo na de na. Si es que yo ya estoy viejo para aventuras.

De visitar, me gustaría visitar las High Lands, a ser posible allá donde haya páramos desiertos sin nadie a varias millas a la redonda. O quizá iría a Cornualles. ¿Sabes? una vez tuve uno de esos sueños vívidos, largos y aparentemente lógicos, en los que uno tiene la absoluta convicción de estar viviendo una vida totalmente real. La "acción" transcurría en Cornualles y cuando desperté me quedó la impresión, la certeza, de que yo había vivido allí en alguna de mis vidas pasadas. Y lo que me puso los pelos de punta es que al mirar un mapa de la zona, todos los topónimos me resultaban tan familiares como si fueran asturianos. Lamentablemente no creo en la reencarnación, qué fastidio, pero el "deja vu" fue uno de los más intensos que he experimentado nunca.

Uhmm... otro día contaré cómo en otra ocasión me desperté convencido de que era un enviado de los extraterrestres para estudiar a los terrícolas, pero ahora tengo que tomarme la pastillita... :-)

Y respecto al todoterreno, pues ya no tengo todoterreno (¡snif!). Con cinco añitos lo he tenido que despachar y cambiarlo por un vulgar Renault Megane. Ahora sí que se me secó la vena aventurera. Sólo me quedan unas veintemil fotitas para recordar durante las largas noches de invierno que se avecinan.

Cuidate mucho.

Mars Attacks dijo...

Gracias, gracias, gracias y gracias por hacernos partícipes de tus aventuras. Lo he pasado mejor que leyendo muchas grandes novelas. ¡Transmites de miedo! Casi podía sentir que estaba ahí, haciendo el moñas con vosotros :D

Marta dijo...

César, a mí nunca me ha cabido ninguna duda de que un poco extraterrestre sí que eres... jajaja. Ya estoy deseando que me cuentes esa otra historia. :D Entretanto, hazte un huequito para visitar Cornualles, hombre, que si tienes esa ilusión, pues las ilusiones están para verlas cumplidas. Mi hermano estuvo allí y creo recordar que dijo que era muy bonito.

¿Así que ya no tienes el todoterreno? ¿Qué le pasó? Y no te quejes, que ya querría yo un "vulgar" Megane, no te joroba... :D

¡Y ni se te ocurra renunciar a la vena aventurera! Todavía eres muy joven y, además, en un futuro lejano aún te esperan los emocionantes viajes del IMSERSO... jajaja.

Y a ti, Mars, muchísimas gracias por leerme y por disfrutar con ello, además. Yo no creo que transmita tan bien como dices, pero al menos intento explicar las cosas de tal modo que se entiendan, y creo que eso ya es más de lo que consiguen otras personas menos afortunadas. :) Así que me doy con un canto en los dientes. ;)

¡Besotes a los dos!