Hace unos diez días que volví de vacaciones y aún no he recuperado el ritmo; ando dispersa y perezosa. Con la salvedad de que me he apuntado al gimnasio y ahora por fin muevo un poco el esqueleto y he dicho adiós a la vida sedentaria que he llevado durante el último año. ¡Gracias a Dios!
Os diré que los naranjos siguen creciendo. El segundo ya ha germinado también y ha llegado el momento de conseguir un par de macetas pequeñitas para sembrarlos en condiciones y sacarlos de su cunita de algodón. Ya haré más fotos. :)
Y ahora os cuento de las vacaciones, que fueron estupendas. Lo único que las estropeó un poco fue que tuvimos mal tiempo casi toda la semana, que estuvo lluviosa y tal. Pero teniendo en cuenta que hablamos de Escocia, ya no es sólo que no me esperase otra cosa, sino que hasta casi es más bonito verla así, en su estado natural, húmeda y gris y, pese a todo, indescriptiblemente hermosa. Acabábamos siempre empapados y teníamos que habérnoslas con los impermeables, paraguas y lo que cuadrara para que no nos calara el agua hasta los huesos, y en general nos las apañamos bien.
El viaje lo organizó mi hermano Pablo, que se esforzó por encontrar cosas bonitas e interesantes para ver, reservó vuelos, hoteles, coches de alquiler y en fin, que no puedo menos que agradecerle que no nos dejara a los demás (éramos en total 14 personas, entre familia y amigos) más que el deber de disfrutar de lo que nos rodeaba.
Salí a buscarlos a Stansted el viernes 15 de agosto, y como el avión se retrasó tuve que esperar un rato a que llegaran. Me alegré mucho de verlos a todos. Fue un placer volver a ver a mi familia, saludarles, besarles, y después ayudarles a lidiar con los ingleses. Mi papel oficial en la "excursión" a Escocia era de intérprete: era la única del grupo que hablaba inglés, y para la mayoría de las cosas me defendí bien.
Lo primero que tuvimos que hacer fue recoger los coches de alquiler. Con Europcar no hubo ningún problema: la oficina la tienen en el aeropuerto y el parking también, así que fue todo inmediato. Con ellos reservamos un vehículo de siete plazas, que resultó ser una Renault Space con cambio automático que aquello metía miedo. Los hombres del grupo la miraron tanto que ya la tenían aburrida. El segundo vehículo, una Ford Transit Tourneo de 9 plazas, la alquilamos con Sixt. Al contrario que Europcar, Sixt no tiene la oficina en el aeropuerto, cosa que descubrimos sobre la marcha, buscándola. Preguntamos en información y nos dijeron que tenían la oficina a varios minutos del aeropuerto y que teníamos que llamar para que nos vinieran a recoger. Así que si algún día reserváis con Sixt en Stansted, que lo sepáis. Sabiendo esto y teniendo una mínima noción de inglés para ser capaz de hablar con ellos por teléfono y entender dónde os van a recoger, no hay problema.
Recordé que me habían mandado los de Sixt un mensaje con el número al que había que llamar. Así que llamé, vinieron a buscarnos en una furgoneta y, como éramos nueve personas las que tenían que recoger, dieron dos viajes para llevarnos a todos hasta las oficinas.
Segundo problema con el que tuvimos que habérnoslas en Sixt: se requiere que en la cuenta sobre la que se va a hacer el cargo con la tarjeta de débito haya al menos el doble del importe necesario, para contar con él a modo de fianza (me pregunto qué habría pasado si nadie hubiera entendido lo que el tipo nos decía; seguro que no habríamos tenido ningún problema de este tipo. Al final, es mejor no hablar inglés o al menos hacerse un poco el loco...). Total, que ni mi hermano ni yo teníamos suficiente, así que tuvimos que llamar al resto del grupo, que aún estaba en Stansted en el otro coche (el de Europcar) esperando. Se perdieron y tardaron en llegar, pero al final, ya reunidos todos y con la tarjeta de mi tío con dinero suficiente para que los de Sixt se quedaran contentos, nos subimos a los coches y emprendimos, ilusionados, el camino hacia Escocia. Teníamos por delante 750km, pero mi hermano había organizado algunas paradas y una noche en un hotel al norte de Inglaterra para hacer el recorrido más descansado y ameno.
Llegamos al hotel aproximadamente a las doce de la noche. El hotel, situado en Stockton-on-Tees, era pequeño, del tipo de los Premiere Classe franceses, que son baratos y están lo suficientemente bien como para estar cómodos. No tenían baños en las habitaciones, sino que eran compartidos, pero como había varios pues no hubo ningún problema, ni siquiera con los demás huéspedes. Y así, a la mañana siguiente, más descansados y con ganas ya de ver cosas, pusimos rumbo a tierras escocesas.
Sigo mañana, que no quiero hacer el post kilométrico. :)
¡Besotes!
Y ahora os cuento de las vacaciones, que fueron estupendas. Lo único que las estropeó un poco fue que tuvimos mal tiempo casi toda la semana, que estuvo lluviosa y tal. Pero teniendo en cuenta que hablamos de Escocia, ya no es sólo que no me esperase otra cosa, sino que hasta casi es más bonito verla así, en su estado natural, húmeda y gris y, pese a todo, indescriptiblemente hermosa. Acabábamos siempre empapados y teníamos que habérnoslas con los impermeables, paraguas y lo que cuadrara para que no nos calara el agua hasta los huesos, y en general nos las apañamos bien.
El viaje lo organizó mi hermano Pablo, que se esforzó por encontrar cosas bonitas e interesantes para ver, reservó vuelos, hoteles, coches de alquiler y en fin, que no puedo menos que agradecerle que no nos dejara a los demás (éramos en total 14 personas, entre familia y amigos) más que el deber de disfrutar de lo que nos rodeaba.
Salí a buscarlos a Stansted el viernes 15 de agosto, y como el avión se retrasó tuve que esperar un rato a que llegaran. Me alegré mucho de verlos a todos. Fue un placer volver a ver a mi familia, saludarles, besarles, y después ayudarles a lidiar con los ingleses. Mi papel oficial en la "excursión" a Escocia era de intérprete: era la única del grupo que hablaba inglés, y para la mayoría de las cosas me defendí bien.
Lo primero que tuvimos que hacer fue recoger los coches de alquiler. Con Europcar no hubo ningún problema: la oficina la tienen en el aeropuerto y el parking también, así que fue todo inmediato. Con ellos reservamos un vehículo de siete plazas, que resultó ser una Renault Space con cambio automático que aquello metía miedo. Los hombres del grupo la miraron tanto que ya la tenían aburrida. El segundo vehículo, una Ford Transit Tourneo de 9 plazas, la alquilamos con Sixt. Al contrario que Europcar, Sixt no tiene la oficina en el aeropuerto, cosa que descubrimos sobre la marcha, buscándola. Preguntamos en información y nos dijeron que tenían la oficina a varios minutos del aeropuerto y que teníamos que llamar para que nos vinieran a recoger. Así que si algún día reserváis con Sixt en Stansted, que lo sepáis. Sabiendo esto y teniendo una mínima noción de inglés para ser capaz de hablar con ellos por teléfono y entender dónde os van a recoger, no hay problema.
Recordé que me habían mandado los de Sixt un mensaje con el número al que había que llamar. Así que llamé, vinieron a buscarnos en una furgoneta y, como éramos nueve personas las que tenían que recoger, dieron dos viajes para llevarnos a todos hasta las oficinas.
Segundo problema con el que tuvimos que habérnoslas en Sixt: se requiere que en la cuenta sobre la que se va a hacer el cargo con la tarjeta de débito haya al menos el doble del importe necesario, para contar con él a modo de fianza (me pregunto qué habría pasado si nadie hubiera entendido lo que el tipo nos decía; seguro que no habríamos tenido ningún problema de este tipo. Al final, es mejor no hablar inglés o al menos hacerse un poco el loco...). Total, que ni mi hermano ni yo teníamos suficiente, así que tuvimos que llamar al resto del grupo, que aún estaba en Stansted en el otro coche (el de Europcar) esperando. Se perdieron y tardaron en llegar, pero al final, ya reunidos todos y con la tarjeta de mi tío con dinero suficiente para que los de Sixt se quedaran contentos, nos subimos a los coches y emprendimos, ilusionados, el camino hacia Escocia. Teníamos por delante 750km, pero mi hermano había organizado algunas paradas y una noche en un hotel al norte de Inglaterra para hacer el recorrido más descansado y ameno.
Llegamos al hotel aproximadamente a las doce de la noche. El hotel, situado en Stockton-on-Tees, era pequeño, del tipo de los Premiere Classe franceses, que son baratos y están lo suficientemente bien como para estar cómodos. No tenían baños en las habitaciones, sino que eran compartidos, pero como había varios pues no hubo ningún problema, ni siquiera con los demás huéspedes. Y así, a la mañana siguiente, más descansados y con ganas ya de ver cosas, pusimos rumbo a tierras escocesas.
Sigo mañana, que no quiero hacer el post kilométrico. :)
¡Besotes!
